El rugby, mi deporte favorito, que practico desde hace 35 años, es una de las disciplinas más exigentes del mundo del deporte, donde se combinan choques, impactos y resistencia, que imponen al organismo demandas fisiológicas extraordinarias. Un partido de 80 minutos no es una línea recta, sino una sucesión caótica de esfuerzos explosivos, sprints, placajes, rucks y mauls, intercalados con fases de recuperación activa y carreras de fondo. Esta naturaleza intermitente de alta intensidad sitúa la nutrición en el centro de la ecuación del rendimiento.
Tanto para el jugador amateur como para el profesional, la cuestión ya no es solo saber si la alimentación desempeña un papel, sino cómo optimizarla para ganar ese metro extra en la línea de ventaja, mantener la lucidez en el minuto 75 y levantarse el lunes por la mañana sin demasiados dolores.
Este artículo aspira a convertirse en una referencia para cualquier jugador de rugby que se preocupe por su alimentación. Analizaremos y estructuraremos en detalle la alimentación del jugador de rugby, desde la preparación semanal hasta la gestión crítica del descanso, pasando por las estrategias de recuperación después del partido, a menudo olvidadas.
Incorporaré a este análisis un enfoque práctico, que prioriza los alimentos «reales», la digestibilidad y lo natural, valores que promueven las gamas de nutrición deportiva frente a los productos ultraprocesados, a menudo indigestos.
Fisiología del esfuerzo en el rugby: entender el motor
Antes de hablar de menús, es imprescindible entender lo que ocurre bajo el capó. El cuerpo de un jugador de rugby es un motor híbrido complejo que debe gestionar demandas energéticas contradictorias.
La dualidad energética: aeróbica y anaeróbica
A diferencia de un maratonista, que utiliza casi exclusivamente la vía aeróbica (la resistencia básica que utiliza oxígeno), el jugador de rugby alterna constantemente entre dos sistemas:
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La vía anaeróbica aláctica y láctica (explosividad): Es el combustible de las acciones decisivas. La arrancada de un ala, el empuje de un pilar en una melé cerrada, el «robo» intenso del balón en un ruck. Estos esfuerzos duran desde unos segundos hasta dos minutos. Consumen las reservas inmediatas (ATP, fosfocreatina) y, sobre todo, el glucógeno (azúcar almacenado en los músculos y el hígado) sin necesitar oxígeno de inmediato, y producen desechos metabólicos (iones H+, lactato) que generan acidez muscular.
- La vía aeróbica (resistencia): Permite aguantar 80 minutos, recolocarse y trotar entre las fases estáticas. Utiliza los carbohidratos y las grasas en presencia de oxígeno. Es la que permite «reciclar» los desechos producidos por los esfuerzos explosivos para retrasar la fatiga.
La implicación nutricional es directa: el jugador de rugby necesita tener las reservas de glucógeno a rebosar y, a la vez, poder quemar grasas para la resistencia de fondo. Si faltan carbohidratos, no se pueden repetir los sprints. Si la hidratación es deficiente, se desploman el sistema de refrigeración y el transporte de residuos.
La especificidad de las posiciones: delanteros frente a tres cuartos
Aunque todos los jugadores comparten el mismo campo, sus necesidades varían radicalmente según su función táctica y su constitución física. La ecuación es conocida: la energía necesaria para desplazar el cuerpo humano depende de su masa y de la velocidad de desplazamiento.
El paquete de delanteros (el combate)
Los pilares, talonadores y segundas líneas (a menudo > 100-120 kg) participan en una «guerra de posición». Sus esfuerzos se caracterizan por una enorme fuerza estática (empuje) y choques violentos a baja velocidad.
- Gasto calórico: Es enorme, no solo por el esfuerzo de desplazamiento, sino también por el coste energético de reparar los tejidos tras los golpes (los microtraumatismos de los impactos aumentan el metabolismo basal).
- Necesidad nutricional clave: Un consumo elevado de proteínas para mantener la masa muscular y una densidad calórica suficiente para no perder peso durante la temporada, lo que afectaría a su potencia de impacto.
Los zagueros (la velocidad)
Los medios, centros, alas y zagueros (75-95 kg) recorren más distancia (a menudo 7 u 8 km frente a los 5 km de un pilar) y hacen más sprints a alta velocidad.
- Gasto calórico: Centrado en la velocidad. La relación peso-potencia es crucial. Cada kilo de grasa superflua frena la aceleración.
- Necesidad nutricional clave: Un control muy preciso de los carbohidratos (ciclado de carbohidratos) para garantizar la explosividad sin ganar grasa innecesariamente.
El impacto de los golpes en el cuerpo humano
Un aspecto que suele olvidarse es el efecto de los golpes en el sistema digestivo e inflamatorio. Los impactos repetidos provocan una respuesta inflamatoria que afecta a todo el cuerpo, no solo al punto de impacto. El cuerpo libera citocinas para reparar los daños. Por eso, la alimentación debe ser antiinflamatoria (rica en omega-3 y antioxidantes) para no «echar más leña al fuego». Además, el estrés de los impactos puede alterar el tránsito intestinal (isquemia intestinal), lo que dificulta la digestión durante y después del partido. De ahí la importancia crucial de elegir alimentos naturales y fáciles de digerir, como veremos con las estrategias de Mulebar.
Los pilares nutricionales del rugby
Para formar a un jugador de rugby de alto rendimiento, se necesitan tres materiales básicos: carbohidratos (la energía), proteínas (los ladrillos) e hidratación (el cemento).
Los carbohidratos: la clave de la batalla
Los carbohidratos se almacenan en forma de glucógeno en los músculos (unos 300-500 g) y el hígado (unos 80-100 g). Es una reserva limitada. Cuando se agota, llega el bajón («el muro»), el hambre voraz, la pérdida de lucidez y las piernas dejan de responder.
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Necesidades diarias: Varían según la carga de entrenamiento.
- Día ligero / descanso: 3 a 4 g/kg de peso corporal.
- Entrenamiento moderado: 4 a 5 g/kg.
- Entrenamiento intenso / víspera del partido: 6 a 8 g/kg.
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Tipos de carbohidratos:
- Carbohidratos complejos (índice glucémico bajo/medio): Arroz basmati, pasta integral, avena, boniatos. Proporcionan energía estable y deben constituir la base de las comidas.
- Carbohidratos simples (IG alto): Frutas, miel, compotas y geles energéticos, barritas energéticas. Son el recurso inmediato, para usar alrededor del esfuerzo (antes, durante y después) y disponer de energía rápidamente.
Las proteínas: reparar los daños
El rugby es catabólico, es decir, destruye las fibras musculares. Las proteínas son indispensables para reconstruirlas. A diferencia de los carbohidratos, el cuerpo no almacena proteínas; hay que aportarlas desde el exterior de forma regular.
- Cantidad: La recomendación para el rugby oscila entre 1,6 y 2,2 g por kg de peso corporal. Para un jugador de 100 kg, esto significa entre 160 y 220 g de proteínas al día.
- Distribución: No hace falta comer 100 g de proteínas en una sola comida. La asimilación óptima se logra con tomas de 20 a 40 g cada 3 o 4 horas.
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Fuentes:
- Animales: Carnes blancas (pollo, pavo), pescado, huevos (¡la clara y la yema!), productos lácteos.
- Vegetales: Legumbres, soja, quinoa, frutos secos y semillas. Las barritas proteicas veganas (guisantes, soja, almendras) ofrecen una excelente alternativa para diversificar las fuentes y evitar la acidificación asociada al consumo excesivo de carne roja.
Los lípidos: resistencia y protección
A menudo demonizados, los lípidos son vitales para la inmunidad, la síntesis hormonal (testosterona) y la energía de base.
- Las «grasas buenas»: Omega-3 (pescados grasos, nueces, aceite de linaza, semillas de chía). Tienen una importante función antiinflamatoria que ayuda a combatir el dolor después del partido.
- Limitar: Las grasas saturadas en exceso (fritos, embutidos industriales) y las grasas trans, que aumentan la inflamación y no aportan nada al rendimiento.
Micronutrientes: los catalizadores invisibles
Sin vitaminas ni minerales, no se producen las reacciones químicas necesarias para generar energía.
- Magnesio y potasio: Esenciales para la contracción muscular y la prevención de calambres. El estrés y el sudor hacen que se pierdan en grandes cantidades.
- Vitaminas B: El complejo B (B1, B6, B12) participa directamente en el metabolismo de los carbohidratos. Sin ellas, comes pasta, pero no conviertes esa energía de forma eficiente.
- Antioxidantes (vit. C, E, zinc): Para combatir el estrés oxidativo generado por el esfuerzo intenso (ácido láctico)
La semana de preparación (J-6 a J-1)
El rendimiento del domingo no se decide en el desayuno del día del partido, sino desde el lunes por la mañana. La estrategia nutricional debe ajustarse al volumen de entrenamiento.
De lunes a miércoles: entrenamiento y recuperación
Al principio de la semana, la intensidad de los entrenamientos suele ser alta. La alimentación debe respaldar esa carga.
- Plato tipo: 1/3 féculas, 1/3 proteínas, 1/3 verduras.
- Hidratación: Es el momento de compensar los déficits del fin de semana anterior. El agua debe ser la bebida principal (mín. 2L/día, aparte del entrenamiento).
Jueves y viernes: transición y puesta a punto
A medida que se acerca el partido, disminuye el volumen de entrenamiento para llegar con las piernas frescas. La alimentación se orienta a preparar las reservas.
- Estrategia: Mantener la ingesta de carbohidratos a pesar de la disminución de la actividad para empezar a llenar poco a poco las reservas de glucógeno, sin excederse con las calorías (riesgo de ganar grasa).
La víspera del partido (J-1): la operación «sobrecarga de glucógeno»
Es el día clave. El objetivo es maximizar las reservas de glucógeno muscular.
- El mito de la «fiesta de la pasta»: Darse un atracón de pasta la misma noche suele ser contraproducente (altera el sueño y dificulta la digestión). La carga de carbohidratos debe distribuirse a lo largo de todo el día anterior.
- Cantidad objetivo: de 6 a 8 g de carbohidratos por kg. Para un jugador de 90 kg = de 540 g a 720 g de carbohidratos. ¡Es una cantidad considerable! Hace falta incluir carbohidratos en cada comida y en los tentempiés.
- Calidad digestiva: Es el momento de reducir la fibra (verduras crudas, legumbres, cereales integrales con mucho salvado) para evitar problemas digestivos al día siguiente («intestinos irritables»). Opta por pasta blanca o semiintegral, arroz blanco y patatas al vapor.
- Hidratación: Crucial para almacenar glucógeno (1 g de glucógeno se almacena con 3 g de agua). Si no bebes suficiente la víspera, no almacenarás energía. (mín. 2 L/día, sin contar el entrenamiento).
Ejemplo de menú tipo «Víspera del partido» (jugador de 90 kg)
| Momento | Composición de la comida | Aporte de carbohidratos y objetivo |
| Desayuno | Bol de copos de avena + leche (de vaca o vegetal) + plátano + miel + 2 huevos pasados por agua. | Rico en carbohidratos complejos, digestibilidad media. |
| Almuerzo | Arroz basmati (ración grande) + pechuga de pollo + zanahorias cocidas + compota + pan. | Gran aporte de carbohidratos, bajo en grasas y fibra irritante. |
| Tentempié (16 h) | Barrita energética Mulebar (p. ej., manzana, uva y canela) + 1 yogur bebible. | Aporte fácil, sabor agradable, ingredientes naturales. |
| Cena | Pasta «al dente» (no demasiado cocida, para controlar el IG) + salsa de tomate sencilla + filete de pescado blanco + arroz con leche. | Fácil digestión, favorece el sueño (triptófano). |
| Noche | Infusión (tilo/verbena) + 1 cucharadita de miel. |
Hidratación y reposición de las reservas del hígado durante la noche. |
Prohibido la víspera:
- El alcohol (deshidratación, sueño de mala calidad).
- La raclette, la fondue y las carnes rojas grasas (digestión demasiado lenta).
- Los platos picantes (riesgo de ardor de estómago).
- El exceso de verduras crudas (acelera el tránsito intestinal el día del partido).
El día del partido: estrategia antes del pitido inicial
El día del partido, el objetivo cambia: ya no se trata de crear reservas (es demasiado tarde), sino de mantener la glucemia, garantizar una hidratación perfecta y, sobre todo, asegurar un confort digestivo absoluto. El estrés precompetitivo (la famosa «bola en el estómago») desvía la sangre del sistema digestivo, lo que dificulta cualquier digestión.
El desayuno (si el partido es a primera hora de la tarde)
Debe tomarse entre 8 y 9 horas antes del partido. Repone las reservas del hígado, que se han agotado durante la noche.
- Menú: Pan integral o cereales poco azucarados (muesli), lácteo desnatado (skyr, queso fresco batido), fruta fresca, bebida caliente. Jamón o huevo para las proteínas. Evita las grasas cocinadas (beicon) y la bollería.
La última comida antes del partido H- 3-4 horas
Es la comida más importante. Debe terminarse De 3 a 4 horas antes del inicio del partido. ¿Por qué? Para que el estómago haya terminado de vaciarse. Jugar con el estómago lleno provoca pesadez, flato y náuseas, y desvía la energía de los músculos.
- Composición: Fácil de digerir. carbohidratos + proteínas magras. Muy poca grasa.
- Ejemplo: Un plato de pasta o arroz (200g cocidos) + 100g de pavo/pollo + compota.
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Si el estrés te quita el apetito: Es frecuente. En ese caso, hay que optar por alimentos líquidos o semilíquidos.
- El pastel deportivo (casero o comercial) está pensado para comerse hasta 1h30 antes.
- Una alternativa eficaz: una compota energética acompañada de unas rebanadas de pan de molde sin corteza. La textura fluida de la compota se tolera mucho mejor que la de una fruta que hay que masticar y aporta energía natural sin resultar pesada.
La ración de espera desde H-3 hasta el pitido inicial
Entre el final de la comida y el partido, el estrés consume mucha glucosa. Hay que evitar una hipoglucemia reactiva (bajón, manos temblorosas) y mantenerse hidratado.
- La bebida de espera: Agua ligeramente azucarada (fructosa/maltodextrina), que se bebe a pequeños sorbos (10-15cl cada 20 min). Evita los refrescos o las bebidas demasiado concentradas, que provocan picos de insulina.
- H-1 (una hora antes): Deja de comer alimentos sólidos. Así, el estómago descansa.
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H-30 min: Algunos jugadores sienten que necesitan un último «impulso». Si es necesario, este es el momento de tomar una pequeña cantidad de carbohidratos de rápida absorción (un bocado de barrita energética o medio gel), pero cuidado con excederse.
El partido - alimentación e hidratación «In-Game»
Cuando suena el silbato, entras en una zona de turbulencia fisiológica.
La hidratación durante el juego
Las reglas del rugby limitan las entradas de los fisioterapeutas. Hay que aprovechar cada interrupción del juego (transformación, lesión...) para beber.
- Agua vs bebida isotónica: Para un partido intenso de 80 min, puede que el agua sola no sea suficiente. Se recomienda una bebida isotónica (que aporta agua, sodio y carbohidratos) porque se vacía más rápido del estómago y compensa las pérdidas de electrolitos.
- Cantidad: Bastan unos sorbos. Beber 500 ml de golpe causaría molestias estomacales (sensación de «chapoteo» en el estómago).
El descanso: 10 minutos para recargar
El descanso es estratégico. Las reservas de glucógeno están menguando, acecha la deshidratación y disminuye la lucidez.
- Prioridad 1: Hidratarse y reponer minerales. Beber una bebida rica en sodio (para prevenir los calambres) y carbohidratos.
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Prioridad 2: Aporte rápido de carbohidratos. Aquí es donde los geles o las compotas energéticas cobran todo su sentido. Concentrados y sin necesidad de masticar, pasan directamente a la sangre para estar disponibles entre 5 y 10 min después, justo al comienzo de la segunda parte.
- La elección de Mulebar: Los tubos de gel resellables son una gran innovación. Permiten consumir la cantidad justa (p. ej., 15-20 g de carbohidratos) sin desperdiciar el resto ni ensuciar el campo.
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¿Qué sabor?
- Limón y jengibre: El jengibre es un antiemético natural, perfecto si el esfuerzo te ha revuelto el estómago. Contiene 50 mg de cafeína.
- Caramelo salado: Aporta un extra de sodio, ideal cuando hace calor o si eres propenso a los calambres.
- Café Cortado (cafeína + guaraná): El arma definitiva. Con 100 mg de cafeína natural, este gel está diseñado para aumentar el estado de alerta y la contracción muscular durante los últimos 30 minutos, cuando se gana o se pierde el partido.
La estrategia del «enjuague bucal»: Si el azúcar te da náuseas y no puedes tragar nada, toma un sorbo de bebida azucarada, mantenlo 10 segundos en la boca y escúpelo. Esto activa receptores de la boca que envían al cerebro una señal de «placer/energía», lo que reduce la percepción de fatiga incluso sin tragar.
Después del partido - la ventana de recuperación
El partido ha terminado. Estás agotado, deshidratado, y tienes los músculos dañados e inflamados. La recuperación empieza en cuanto sales del campo.
La ventana metabólica (de 0 a 45 min) es el momento en que el cuerpo es como una esponja. Está listo para reponer el glucógeno y reparar los músculos a mayor velocidad.
- Objetivo: Aportar carbohidratos (para obtener energía) + proteínas (para los músculos) + agua + bicarbonatos (para neutralizar la acidez).
- La bebida de recuperación ideal: Agua con gas rica en bicarbonatos (St Yorre, Vichy) o una bebida proteica preparada en una coctelera.
- Aporte de carbohidratos y proteínas: Una barrita proteica Mulebar (p. ej., almendras, fresas y guisantes) aporta 10 g de proteínas de alta calidad y carbohidratos naturales. Combínala con un plátano bien maduro o una compota energética para alcanzar la proporción ideal de 3 g de carbohidratos por 1 g de proteínas.
La auténtica comida después del partido (H+2)
Una vez que baje la intensidad, la comida debe ser completa y alcalinizante (para contrarrestar la acidez del esfuerzo).
- Menú: Carbohidratos a voluntad (patatas, arroz), proteínas de calidad, verduras de colores (antioxidantes) y un buen aceite (omega-3).
- Ejemplo: Ensalada de patatas, atún, tomates, aguacate y aceite de colza.
El mito del tercer tiempo y el alcohol
Hay que abordar el tema incómodo. La cerveza después del partido es una institución cultural, pero puede ser un desastre fisiológico si no se gestiona bien.
- Los hechos: El alcohol deshidrata (efecto diurético), bloquea la síntesis de proteínas (impide la reparación muscular) y altera el sueño (recuperación nerviosa).
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La estrategia para reducir riesgos: Nunca bebas alcohol inmediatamente. Primero, bebe 1 litro de agua o bebida de recuperación y come algo. Después, si consumes alcohol, alterna siempre cada vaso de alcohol con un vaso de agua.
Situaciones especiales: clima, desplazamientos y lesiones
El rugby se juega en todas partes y con cualquier tiempo. Por eso, la alimentación debe adaptarse.
Rugby en invierno frente a rugby en verano
- Frío: El cuerpo quema más calorías para mantener su temperatura (termorregulación). La sensación de sed disminuye, pero la deshidratación persiste (respiración de vapor de agua). Aumenta el aporte calórico antes del partido. Piensa en tomar bebidas tibias en el descanso.
- Calor: El principal riesgo es el golpe de calor y los calambres. Aumenta considerablemente el sodio (sal) en las comidas y bebidas. Los geles salados o los electrolitos en polvo son imprescindibles en este caso.
Los desplazamientos (autobús y hoteles)
Los viajes largos en autobús y la comida de carretera son los enemigos del jugador de rugby.
- El «tupper» del deportista: No cuentes con hacer una parada en una gasolinera. Llévate tu ensalada de pasta y pollo.
- Tentempiés saludables: Llevar en la bolsa barritas energéticas naturales, semillas como anacardos o fruta deshidratada evita caer en la tentación de comer patatas fritas o gominolas, que hacen fluctuar la glucemia. Olvídate de los refrescos y las bebidas energéticas.
Nutrición y lesiones
Los jugadores de rugby lesionados tienden a reducir drásticamente las calorías por miedo a engordar. Es un error. La reparación de los tejidos (huesos, ligamentos y músculos) requiere energía y materiales.
- Proteínas: Mantén un aporte elevado (2g/kg) para evitar la pérdida de masa muscular debida a la inmovilización.
- Colágeno y vitamina C: Esenciales para reparar tendones y ligamentos. Las compotas (ricas en vitamina C natural) pueden acompañar la suplementación con colágeno.
Grupos específicos
La escuela de rugby
Para los jóvenes, el crecimiento es prioritario frente al rendimiento. ¡Nada de dietas restrictivas!
La merienda antes del entrenamiento: A menudo se descuida después de la escuela. Una compota y un trozo de pan son una merienda perfecta: sana, natural y aporta la energía necesaria para el entrenamiento de las 18:00 sin que te sientas pesado. Evita la bollería industrial saturada de grasas perjudiciales y todo tipo de barritas de chocolate.
El rugby femenino
Las necesidades son similares, pero hay que prestar especial atención al hierro. Las pérdidas menstruales y los golpes (hemólisis por impacto) aumentan el riesgo de anemia, lo que afecta a la resistencia.
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Consejo: Consume carne roja y lentejas con regularidad, y acompaña siempre la comida con una fuente de vitamina C (fruta, compota) para triplicar la absorción del hierro vegetal.
La solución de Mulebar - 100% natural
En un mercado de nutrición deportiva saturado de productos ultraprocesados con listas de ingredientes ilegibles, Mulebar destaca por una filosofía que conecta con los valores del rugby: autenticidad y eficacia.
¿Por qué integrar estos productos en tu rutina?
- Máxima digestibilidad: Los dolores de estómago son la pesadilla de cualquier deportista. Mulebar no utiliza ingredientes sintéticos raros. Sirope de arroz, agave, fruta de verdad, avena. El estómago los reconoce y los digiere.
- Placer al paladar: Tras 60 minutos de esfuerzo, tragarse un gel químico con sabor a «plástico» es una tortura. Los sabores de Mulebar (cereza, manzana, caramelo salado, limón y jengibre, café) son un verdadero placer para el paladar y vienen muy bien para la moral.
- Ético y práctico: Los tubos resellables de geles y compotas son una solución inteligente para las necesidades en el campo. No se tira nada, solo se consume lo necesario.
Guía de elección rápida:
- ¿Necesitas energía duradera? Barritas energéticas y pastel energético
- ¿Necesitas energía rápida sin masticar? geles energéticos.
- ¿Estómago revuelto o necesitas refrescarte? compotas energéticas
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¿Recuperación muscular? -> barritas y bebida proteicas
La nutrición no es una varita mágica que transforme de la noche a la mañana a un jugador promedio en un All Black. Es una herramienta para mantener la regularidad. Es lo que te permite expresar el 100 % de tu potencial físico, del primer al último minuto, y seguir practicando este exigente deporte durante más tiempo.
Si adoptas una estrategia sencilla, basada en alimentos naturales y una hidratación rigurosa, y te ayudas de productos técnicos saludables en los momentos críticos (el descanso, los desplazamientos), tendrás todas las de ganar.
Preguntas frecuentes
P: ¿Cuál es el mejor desayuno antes de un partido de rugby?
R: Una comida 3-4 h antes, rica en carbohidratos y baja en grasas. Por ejemplo: gachas de avena, plátano, miel, un huevo pasado por agua y té. Si el partido es temprano por la mañana, evita a toda costa los embutidos y la bollería.
P: ¿Cómo evitar los calambres en las pantorrillas al final del partido?
R: Los calambres tienen múltiples causas (fatiga neuromuscular + déficit iónico). Estrategia:
- Entrenamiento adecuado (la fatiga provoca calambres).
- Hidratación regular durante la semana anterior.
- Aporte de sodio (sal) durante el partido. El gel de caramelo salado Mulebar está formulado específicamente para ello.
P: ¿Se puede ser vegetariano y jugar al rugby?
R: Por supuesto. Muchos deportistas profesionales son vegetarianos. Hay que compensar las proteínas animales combinando alimentos vegetales (legumbres + cereales) o con soja. Las barritas proteicas Mulebar (de guisantes/soja) son una excelente opción para complementar el aporte después del entrenamiento.
P: ¿Hay que comer en el descanso?
R: Comer alimentos «sólidos» (barritas, fruta) es arriesgado, porque la digestión será demasiado lenta. Conviene dar prioridad a los alimentos «líquidos» o «semilíquidos» (geles, compotas, bebidas) para que la energía pase rápidamente a la sangre sin pesar en el estómago.
P: ¿Receta de pastel deportivo casero?
R: Si no quieres comprarlo ya preparado: Mezcla 250 g de harina, 150 g de miel, 1/2 sobre de levadura, 200 ml de leche (de soja o de vaca) y frutos secos. Hornea durante 30 min a 180 °C. Es una bomba energética fácil de digerir.